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Los asesinos de la libido

Los asesinos de la libido

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Una libido baja le puede pasar a cualquiera - y es fácil dar por sentada la influencia que una buena sed de pasión tiene sobre la salud y el bienestar, hasta que deja de estar ahí. Las ganas de sexo pueden representar mucho más que una simple satisfacción física; crean emoción, creatividad y ganas de experimentar y de descubrir nuevas posibilidades que disfrutar.

Para mucha gente, una libido sana simboliza además juventud, vitalidad y autoestima. Cuando alguien se siente a gusto con su sexualidad, suele ser buena señal para la mirada que dirige a su propio cuerpo, para su capacidad de conectar físicamente (y también emocionalmente) con su pareja, y para su satisfacción general con la vida. Afrontar una caída drástica, o incluso leve, de la función sexual puede pasar mucha factura en la vida personal, y buscar una explicación de por qué ese 'interés' ha desaparecido puede generar miedo, vergüenza y una falta de plenitud.

Una libido baja, o en descenso, no distingue necesariamente por edad, origen, género o estilo de vida. Tampoco le importa demasiado si no tienes pareja, si acabas de empezar una relación sexual o si llevas muchísimo tiempo con la misma persona. No hay un único tipo de persona a la que se pueda señalar - pero sí hay toda una serie de factores (psicológicos y/o fisiológicos) que pueden explicar la falta de deseo de contacto sexual, o de respuesta física al estímulo sexual.

Conocer la causa no resuelve necesariamente la disfunción, pero sí puede aliviar la pesada carga que cada cual se echa encima cuando quiere expresar su sexualidad y no puede. Por desgracia, mucha gente se culpa a sí misma por no ser capaz de vivir su sexualidad, algo que descoloca especialmente después de haberlo hecho durante años. Ten en cuenta que puede haber una combinación de motivos detrás de una libido baja, y que la lista que sigue es solo una pequeña muestra de las muchas causas posibles.

1. El estrés

Puede manifestarse de muchísimas maneras. Puedes tener problemas para relajarte, saltar a la mínima, sufrir cambios de humor o estar demasiado en tensión para hacer el amor. El estrés castiga el bienestar físico y emocional, y es uno de los grandes factores capaces de hacer mella en la salud sexual. Convivir con el estrés puede ser muy duro, pero la buena noticia es que se puede gestionar con un montón de técnicas distintas, detalladas en incontables libros, vídeos, cursos, etc.

2. Los conflictos en la relación

El grado de armonía dentro de la relación principal puede hacer o deshacer la libido. Una dinámica de relación sana es directamente responsable de la satisfacción mutua en la cama, y cuando las cosas se tuercen, el deseo sexual se esfuma. Lidiar con problemas como el aburrimiento o la monotonía, la mala comunicación, la desconfianza o la traición, o la falta de intimidad nunca es fácil, pero es vital resolverlos antes de que echen raíces tan hondas que la distancia con la otra persona acabe siendo definitiva.

3. Los medicamentos

Los medicamentos con receta pueden sabotear la libido tanto en hombres como en mujeres. Entre los fármacos que suelen asociarse a una pérdida de libido están: los antidepresivos, los antihipertensivos, los somníferos, los anticonceptivos orales y los antihistamínicos. Si notas un cambio en tus ganas de contacto sexual justo cuando empiezas o cambias un tratamiento, consúltalo con quien te lo ha recetado para valorar otras alternativas.

4. Una mala autoimagen

No hay nada más difícil que reunir ganas de sexo cuando no soportas cómo te sientes dentro de tu propia piel. Una imagen corporal negativa y una autoestima baja frenan el deseo o la capacidad de expresar la sexualidad - y también pueden generar mucho estrés en la otra persona. La autoaceptación es la base para reparar una autoimagen dañada, pero exige trabajárselo de verdad para volver a sentirse bien.

5. El desequilibrio hormonal

Los cambios en el delicado equilibrio de las hormonas que regulan la libido pueden minar seriamente el deseo tanto en hombres como en mujeres.

En el hombre, la producción de testosterona (conocida como la hormona del deseo) empieza a frenarse en torno a los treinta años. La caída de esta hormona es sutil, de una media de entre un uno y un dos por ciento al año, pero la velocidad a la que bajan los niveles varía muchísimo de un hombre a otro. Así que es posible que un hombre de treinta y tantos presente las mismas características asociadas a la testosterona menguante que su homólogo de setenta años!

En la mujer, un desequilibrio entre las hormonas estrógeno, progesterona y testosterona puede tener un impacto dañino sobre su libido, y también sobre el funcionamiento de sus órganos sexuales. Le cuesta más excitarse, las paredes de su vagina se adelgazan y su capacidad de 'mojarse' se resiente. En consecuencia, es frecuente sentir dolor durante el coito. Los desequilibrios hormonales más dramáticos se producen durante la menopausia y después de cirugías como la histerectomía, pero también pueden aparecer tras un embarazo, en ciertos momentos del ciclo menstrual y con el uso de determinados anticonceptivos que manipulan las hormonas - como la píldora.

6. El dolor

Ya sean los achaques del día a día, los problemas fisiológicos que limitan la movilidad, o los trastornos que afectan específicamente a los órganos sexuales, como la dispareunia (dolor durante el coito) o la vulvodinia (otro trastorno sexual doloroso que afecta a la entrada de la vagina), sentir malestar físico en cualquier grado influye en cuánto le apetece el sexo a una mujer. Y no solo eso: la distracción que provoca el dolor puede generar tanta frustración que algunas personas deciden evitar el sexo por completo.

7. El cansancio

Una libido que flojea puede ser señal de falta de sueño. Puede deberse a las exigencias de una agenda laboral cargada, o a la adaptación a ser madre o padre por primera vez, pero también al insomnio o a la apnea del sueño. En cualquier caso, los efectos son los mismos: apenas puedes mantener los ojos abiertos, y mucho menos usar la cama para algo que no sea recuperar un sueño precioso.

8. La embriaguez

Aunque el alcohol reduce las inhibiciones sociales y se percibe como algo que dispara las ganas de sexo, es igual de posible que tenga el efecto contrario. La embriaguez, venga del alcohol o de otras drogas recreativas, también puede traer el desafortunado efecto secundario de que un hombre no consiga tener o mantener una erección. Otro bajón … la borrachera puede cortarle el rollo del todo a la persona que le está haciendo el amor.

9. La ansiedad de rendimiento

Hay quien siente presión, propia o de su pareja, por rendir bien en el sexo - y cuando siente que no puede, eso le provoca angustia, ansiedad y/o miedo. Conocido como ansiedad de rendimiento, el miedo al fracaso en la cama no solo reduce la capacidad de disfrutar de la actividad sexual, sino que puede crear problemas sexuales como la dificultad para llegar al orgasmo o la disfunción eréctil. Es habitual pasar por esta forma de ansiedad en las primeras fases de una relación sexual, sobre todo porque hay mucha incertidumbre sobre qué le gusta a la otra persona.

Reflexiones finales

Una libido baja no es algo que se pueda pasar por alto. Suele ser señal de tensiones físicas o emocionales - o quizá de una combinación de ambas. Aun así, normalmente se puede aliviar una vez identificada y tratada correctamente. Si es tu caso, busca ayuda práctica en tu centro de salud - tranquilidad, es un problema muy común y desde luego no se van a escandalizar!

Por otro lado, si incluso después de buscar ayuda se determina que una libido baja es algo con lo que tienes que vivir - hay maneras de llevarlo. Mucha gente ha aprendido a vivir la mar de a gusto con una libido más baja, encontrando otras formas de expresar la intimidad que siguen reflejando amor y deseo - aunque quizá no de manera tan física, ni tan a menudo.

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