
Adicción al sexo
La conducta sexual compulsiva, a menudo llamada adicción al sexo, se reconoce cada vez más como un problema real, con similitudes con la adicción al alcohol y a las drogas o con la ludopatía. La persona adicta al sexo se vuelve adicta a los cambios neuroquímicos que se producen en el cuerpo durante la conducta sexual, igual que una persona drogodependiente se engancha a los efectos de ‘chutarse’ heroína.
Esto no quiere decir que expresarse como ser sexual, una experiencia intensamente placentera y enriquecedora para la mayoría de la población, sea en sí misma una realidad adictiva. Lejos de disfrutar del sexo como una fuente de placer físico que la afirma en lo que es, la persona adicta al sexo ha aprendido a apoyarse en el sexo para calmar el dolor, para sentirse cuidada o para aliviar el estrés; esto es comparable al uso deliberado que la persona alcohólica hace del alcohol.
Los inicios de la adicción sexual suelen tener su raíz en la adolescencia o en la infancia. Por ejemplo, es habitual que la niña o el niño crezca en un hogar caótico, hostil o negligente; o puede que la familia fuera por lo demás muy normal, pero la criatura crece con hambre de cariño porque el afecto casi nunca se expresa. La niña o el niño puede recurrir una y otra vez a la masturbación para escapar de las peleas violentas de sus padres, por ejemplo, o para compensar una falta inconsciente de atención o de afecto.
La masturbación debería ser una parte normal y natural de la infancia, pero para una criatura sola, maltratada o rechazada puede convertirse en un sedante habitual con el que tapar el dolor interior. Poco a poco el sexo pasa a sustituir a otras cosas, un acto cómodo al que recurrir en momentos de cualquier tipo de necesidad, desde escapar del aburrimiento hasta sentir ansiedad o poder conciliar el sueño por la noche.
También puede ocurrir que se introduzca a la criatura en el sexo de formas inapropiadas. En lugar de la experimentación sexual normal que suele darse por curiosidad entre niñas y niños de edades parecidas mientras crecen, algunas criaturas sufren abusos sexuales (una persona adulta que mantiene actividad sexual con una criatura). O puede que quien introduce a la criatura en las experiencias sexuales sea otro menor cinco o más años mayor (por ejemplo, un primo o una prima mayor, quien hace de canguro, etc.), donde la experiencia sexual no se siente como algo mutuo. En estas experiencias suele haber una combinación de curiosidad natural, sensaciones placenteras recién descubiertas y sentimientos de miedo o vergüenza. El miedo y la vergüenza pueden aumentar por las amenazas que la persona mayor profiere para conseguir la colaboración de la criatura y para impedir que se lo cuente a nadie.
Puede establecerse un patrón de búsqueda de experiencias parecidas a lo largo de toda la vida, en las que se combinan el placer sexual con el miedo o la vergüenza. Ya de mayor, esa criatura puede excitarse con el sexo en situaciones de alto riesgo que generan miedo de forma inconsciente, o en circunstancias secretas que se alimentan de la vergüenza.
Algunas características de la adicción al sexo
La conducta sexual es vergonzosa. La persona adicta siente vergüenza por lo que está haciendo o, más exactamente, por lo que ha hecho, normalmente justo después de realizar actos sexuales que vulneran alguno de sus propios principios. O puede que niegue la vergüenza calificando la conducta de normal en ‘un hombre de verdad’ - o poniendo el foco en los demás, "Ella lo estaba pidiendo." Así, un hombre casado puede sentir remordimientos después de acostarse con la mujer de su mejor amigo, racionalizarlo diciéndose que su amigo no la satisfacía sexualmente y evitar después acostarse con su propia mujer, todo ello en un vano intento de negar que hay un problema o que ha hecho algo malo.
La conducta sexual es secreta. La persona adicta al sexo acaba llevando cada vez más una doble vida - puede que sea conocida, respetada y admirada en su vida más visible, pero en secreto practica con regularidad actos sexuales que resultarían chocantes a quienes la conocen y la quieren. Así (por ejemplo), un pastor adicto al sexo puede ser venerado el domingo por la mañana por predicar sobre el pecado del adulterio y la fornicación, y luego incurrir él mismo en esas conductas en un estudio de posado erótico o un sex shop el lunes por la tarde. O un hombre puede decirle a la persona con la que tiene una relación que va a ver a un amigo y, en cambio, irse a un parque a buscar sexo anónimo.
La conducta sexual es abusiva. Vulnera la decisión de otra persona o va más allá de lo que esa persona puede entender. Por ejemplo, un hombre que manipula o coacciona a su cita para tener sexo con él, o la mujer con la blusa a medio desabrochar que se inclina hacia un compañero de trabajo que no sospecha nada y le enseña "accidentalmente" un pecho, o el hombre que busca centros comerciales abarrotados para poder deambular entre la multitud y ‘meter mano’. Mucho peores son los hombres y las mujeres adultos que manipulan la confianza de las criaturas y abusan de su poder sobre ellas engañándolas para que realicen actos sexuales con ellos. El sexo también puede ser abusivo para la propia persona adicta, como masturbarse hasta lesionarse físicamente o cortarse o pellizcarse para excitarse sexualmente.
Las distintas formas de la adicción sexual
La adicción sexual puede adoptar muchas formas distintas. La persona adicta puede serlo sobre todo a una conducta, como el sexo con alguien que ejerce la prostitución, pero por lo general recurre a una variedad de conductas sexuales. Por ejemplo, piensa en el comercial que puede ver el espectáculo de baile de un bar de topless durante una comida de trabajo, acostarse una noche con alguien que ejerce la prostitución a través de un servicio de acompañantes en su habitación de hotel durante un viaje de negocios, volver a casa y acostarse con su mujer mientras fantasea con el masaje sexual que recibió el mes pasado. La lista de las formas de la adicción sexual sería interminable, y aumenta con la necesidad que tienen las personas adictas de encontrar nuevas maneras de conseguir emociones sexuales.
Otro rasgo de la adicción sexual es que es progresiva. Es decir, las conductas habituales se vuelven progresivamente más frecuentes, más variadas y más extremas - con consecuencias más frecuentes y más extremas. En los momentos en que la adicción parece estar bajo control, la persona adicta simplemente está incurriendo en uno de los rasgos comunes del proceso, aquel en el que pasa de la descarga sexual al control de esta. La fase de control acaba inevitablemente por romperse con el tiempo (ya sea en una hora, una semana, un mes o un año) y la persona adicta vuelve a la conducta, a pesar de la promesa que se hizo a sí misma o hizo a otras personas de no repetirla nunca. Cuando se agota el éxtasis de la descarga, a menudo siente remordimientos por su fracaso y, con gran determinación, pasa de nuevo a un periodo de abstinencia hasta que su determinación vuelve a flaquear. Sin ayuda, así es como vive su vida una persona adicta al sexo.
Internet se ha convertido en la forma más nueva y de más rápido crecimiento de acting out sexual para muchas personas adictas al sexo. Muchas de ellas han añadido el sexo por ordenador a su repertorio, porque cubre una necesidad de ‘más, más fácil y mejor’. Para la persona adicta al cibersexo, cada vez se dedica más tiempo a navegar, descargar, masturbarse, leer la información publicada en foros sexuales, intercambiar contenidos sexuales en directo con otras personas en salas de chat sexuales o a través de cámaras web, o dirigir sus propios espectáculos sexuales en directo en sitios interactivos. Resulta que Internet ofrece muchas de las cosas que buscan las personas adictas al sexo, pero todas en un mismo sitio: aislamiento, secreto, material para la fantasía, variedad infinita, disponibilidad las veinticuatro horas, accesibilidad instantánea, una forma rápida de volver y un coste bajo o nulo.
Como una de las características de la adicción sexual es que es progresiva, las personas adictas al sexo que están en Internet suelen experimentar una progresión rápida de su adicción. Las nuevas emociones sexuales llevan a dedicarle cantidades enormes de tiempo, a pasar más deprisa a conductas más extremas, a asumir mayores riesgos y a que las pillen con más frecuencia. La progresión acelerada del problema de las personas adictas al sexo a través de internet puede convertirse irónicamente en una bendición, ya que puede llevar antes a la persona afectada, sea hombre o mujer, a la fase de las consecuencias y hacer así que busque ayuda más deprisa.
Estas son algunas de las formas más habituales de adicción sexual.
Aunque en algún momento de su vida algunas personas que no son adictas al sexo pueden incurrir en una o más de las conductas que se enumeran a continuación, solo se convierte en adicción sexual cuando existe una necesidad irresistible de repetir esas conductas y se desarrollan hábitos en torno a ellas. Esto tiene como consecuencia probable que cause otros problemas en su vida.
- Masturbación compulsiva
- Sexo compulsivo con personas que ejercen la prostitución
- Sexo anónimo con varias personas, donde el sexo es el único objetivo y no se establece ninguna relación (ni siquiera de conocidos) con la persona.
- Múltiples aventuras fuera de una relación de compromiso, o relaciones en serie.
- Frecuentar a menudo bares de topless, estudios de posado erótico, salones de bronceado de carácter sexual, sex shops o establecimientos de masaje sexual.
- Exhibicionismo habitual
- Voyeurismo habitual
- Tocamientos sexuales inapropiados
- Abusos sexuales a menores
- Violación
Adicción al sexo y al amor
Se ha establecido una distinción entre la adicción al sexo y lo que se denomina 'adicción al sexo y al amor'. Esta última tiene que ver con un patrón adictivo de establecer relaciones amorosas con personas concretas, en el que la persona y la relación, además del sexo con ella, forman parte del atractivo para la persona adicta. Aunque esos mismos elementos son normales en una relación sana, las personas adictas al sexo y al amor nunca logran encontrar plenitud ni permanencia en ninguna de las relaciones que inician. Siguen buscando satisfacción en otra relación, pero la encuentran vacía, exigente o generadora de ansiedad.
Las personas adictas al sexo y al amor pueden tener varias relaciones con personas distintas al mismo tiempo, o pueden pasar sucesivamente de una a la siguiente, dejando cada una cuando se desvanece el "subidón" inicial. O pueden tener una relación principal (como un matrimonio) completa, con casa, hijos y otras señales de permanencia, pero volver periódicamente a relaciones secretas con personas nuevas.
La adicción al sexo, en cambio, suele ser una preocupación por la excitación y la descarga sexuales que a menudo tiene poco que ver con quién es la otra persona y no requiere ninguna relación. Al contrario, para la persona adicta al sexo lo que cuenta es la descarga que obtiene de la imagen, ya sea alguien desconocido visto en un coche o en una esquina, unas partes del cuerpo estimulantes, una imagen erótica o su propia fantasía.
Tratamiento
Un hombre o una mujer que sufre adicción sexual tiene la opción de buscar ayuda profesional acudiendo a psicoterapia o ingresando en un centro de tratamiento especializado.
Optar por sesiones de psicoterapia tiene la ventaja de ser más discreto y afectará menos a la capacidad económica. Sin embargo, para una persona que está cometiendo delitos graves a causa de su adicción sexual es aconsejable que ingrese en un centro especializado, ya que esto la apartará del entorno en el que puede entregarse a esa conducta dañina.
Si crees que puedes estar sufriendo adicción sexual, o que puede ser el caso de tu pareja o de alguien que conoces, por favor, busca cuanto antes ayuda sanitaria profesional.

