
Los orgasmos femeninos
Algunas mujeres parecen tenerlo increíblemente difícil para llegar al orgasmo durante el coito; si es que llegan a correrse siquiera. El motivo más habitual es que no conocen su propio cuerpo. La sociedad ha tenido el brillante efecto de meternos en la cabeza desde la infancia que la masturbación es pecaminosa, está mal y es sucia. Bueno, todo el mundo tiene derecho a su propia opinión, pero todo el sentido común dicta que nada podría estar más lejos de la verdad.
Esta idea equivocada ha impedido a mucha gente, sobre todo a las mujeres, aprender a conocer su cuerpo, reduciendo así las posibilidades de poder disfrutar del sexo plenamente. A muchas mujeres les cuesta desaprender todo lo que les han enseñado, y a menudo sienten que “tocarse no da placer”. Hay algo de verdad en eso - no mienten, no sienten placer. Pero no es porque no haya placer que sentir, sino que les han enseñado de forma indirecta a no disfrutarlo. Superar esto lleva tiempo y paciencia, así que nunca metas prisa a tu pareja.
Si tu mujer nunca ha tenido un orgasmo (suele ser el caso cuando dicen, "Creo que he tenido uno"), te conviene consultar la Guía de la masturbación femenina para empezar. Aprender a dar placer a una mujer que no puede correrse ella sola es extremadamente difícil, así que te recomendamos encarecidamente que empieces por conseguir que se toque, y que la dejes descubrir cómo reacciona su cuerpo a distintos estímulos.
La última nota tiene que ver con tu actitud. Los orgasmos no se pueden forzar, y cuanta más presión le metas para que se corra, menos probable es que ocurra. Ve despacio, aprende técnicas, experimenta con ellas y averigua qué funciona. Si te empiezas a frustrar porque no ves resultados, se va a notar, y por desgracia lo va a poner aún más difícil. El sexo se supone que es divertido y placentero - en cuanto te lo tomas demasiado en serio, le quitas el placer!
Sobre los orgasmos
Hay dos tipos principales de orgasmo que puede tener una mujer - el clitoridiano y el del punto G (también conocido como orgasmo vaginal). Al masturbarse, las mujeres suelen aprender a correrse usando el clítoris. No hay nada de malo en ello, pero deja sin explorar todo el mundo de los orgasmos vaginales. Muchas mujeres no consiguen llegar al clímax durante el coito, porque no están lo bastante familiarizadas con esa estimulación como para disfrutarla al máximo. Mientras aprendes a leer las señales del cuerpo de tu pareja, preguntar nunca está de más, sobre todo si estáis probando técnicas nuevas.
El coito, conocido comúnmente como sexo vaginal, o PIV (pene en vagina), puede ser una de las formas más torpes de estimular a una mujer si se hace sin pensar. Aunque sí crea un ambiente que puede ser muy excitante, erótico y satisfactorio a nivel emocional, el grado de estimulación de la zona clitoridiana de la mujer no es nada comparado con el de la masturbación o el cunnilingus. Se puede añadir estimulación manual del clítoris durante el sexo, y la mayoría de las mujeres la necesitan para llegar al orgasmo, incluso las que han tenido orgasmos vaginales en el pasado. Nadie quiere meter geometría en el sexo, pero conviene saber qué posturas estimulan mejor el punto G. Para ayudarla a conseguir un orgasmo vaginal, tienes que asegurarte de que "das" en el punto G en cada embestida.
La eyaculación femenina
Empecemos por entender cuáles son los elementos del eyaculado. Los cuatro ingredientes principales son la glucosa, la fosfatasa ácida prostática (una enzima característica del componente prostático del semen), la urea y la creatinina. Estos dos últimos ingredientes se encuentran habitualmente en la orina, pero en niveles más bajos que en la orina. Así que sí hay algo de orina en el eyaculado. Algunos estudios concluyen que en algunas mujeres el eyaculado se parece más a la orina, y que en otras mujeres se parece más a un fluido prostático. Hasta que esta pregunta no se responda del todo, lo más prudente es suponer que es un poco de las dos cosas. La cantidad de eyaculado puede ir desde unas pocas gotas hasta un auténtico chaparrón.
De dónde viene el eyaculado? Hay varias teorías al respecto, pero lo que se mantiene constante en todas ellas es que la eyaculación femenina tiende a venir de la estimulación del punto G. Cuando se estimula el punto G durante un rato, el tejido esponjoso que forma esa zona se llena de líquido. Las mujeres que pueden eyacular a menudo se contienen, pensando que es orina. La fuente exacta del eyaculado todavía se debate en el ámbito de la investigación, pero parece que sí sale por la uretra (como la orina) y/o por las glándulas de Skene, que están justo al lado, y ahí es donde se produce la confusión.
Y qué queda entonces? Quizá quieras aprender a hacer que alguien eyacule, o a hacerlo tú. Como con todo lo demás que exploras por primera vez en tu experiencia del sexo, conviene trabajarlo, pero sin ponerte presiones innecesarias convirtiéndolo en tu objetivo. Además, no se sabe si todas las mujeres pueden eyacular, así que si tú o tu pareja no lo conseguís - no te preocupes, pero quizá sigue intentándolo de vez en cuando. Como ya sabes, el eyaculado sale de la uretra o de las glándulas de Skene, así que la sensación se parece mucho a la de la orina.
Aparte de quienes adoran la 'lluvia dorada' (el fetiche de orinar sobre alguien, o de que te orinen encima), mucha gente no se siente lo bastante cómoda como para arriesgarse a orinar sobre su pareja o cerca de ella. Puede ser buena idea daros, a ti o a tu pareja, algo de intimidad para entender esta función del cuerpo; como mínimo, hazle saber a tu pareja que esto te excita y no te da asco. Dicho esto, sitios estupendos para probarlo son la ducha o la bañera, dentro del agua o cerca de ella, o encima de unas mantas viejas que no te importe mojar.
Algunas ideas para llevarla hasta ahí:
Antes de nada, nos gustaría recordarte que te relajes y que no conviertas su orgasmo en el propósito del encuentro. Cuanto más lo conviertas en un objetivo; menos probable es que ocurra. Relajaos y disfrutad, que es lo más importante.
El restregón
Durante el coito, lo que buscas es aumentar la presión ejercida sobre el clítoris de la mujer. Esto se consigue rotando las caderas igual que cuando te "restriegas" en una pista de baile. Intenta empujar de verdad contra la parte delantera de su pubis con la zona justo por encima del pene. Balancearte adelante y atrás o de lado a lado es una forma muy buena de empezar.
La regla del pulgar
Con la mujer sentada encima, el hombre se tumba boca arriba, con la pelvis inclinada hacia arriba y los abdominales apretados. Se trata de arquear las caderas hacia arriba para mejorar la calidad del “restregón”; esto se consigue fácilmente poniendo un cojín debajo del culo del hombre. Después él debe poner la mano sobre el pubis de la mujer y colocar el pulgar sobre el clítoris de la mujer. Mientras ella cabalga a su pareja, él puede estimularle el clítoris a la vez.
La postura en T
Con la mujer tumbada boca arriba, el hombre se tumba perpendicularmente (es decir, en ángulo recto respecto a ella, formando así la ‘T’), a horcajadas sobre la pierna más alejada de la mujer. Según la flexibilidad de la mujer, esta puede ser una postura estupenda para una penetración profunda, dejando además el clítoris expuesto para la estimulación manual. Esta doble estimulación es muy gratificante y a menudo lleva a la gran “O” muy rápido.
El Maximizador
La mujer se tumba boca arriba, con las piernas bien juntas. El hombre se tumba encima, o se pone de pie o de rodillas, delante. En lugar de estar directamente alineado con ella, el hombre debe colocarse ligeramente en diagonal. Las dos piernas de ella deben quedar sobre un hombro, o a un lado, de su cuerpo; entonces él puede empezar la penetración. Esta postura está diseñada para maximizar la estimulación clitoridiana femenina y es más fácil de ejecutar con el hombre de pie o de rodillas (es decir, la mujer debe tener las piernas colgando del borde de una encimera, un sofá o una cama).
Dificultades con los orgasmos del punto G
El punto G es una zona de plenitud erótica que ha estado envuelta en ambigüedad. No fue hasta los años 1950 cuando Ernst Grafenberg publicó sus hallazgos sobre la existencia de este preciado botón en una revista internacional de sexología. En aquellos días previos a la revolución sexual, el descubrimiento despertó poco interés. E incluso si su descubrimiento hubiera llegado a primera línea de atención, el gran público consideraba el tema indecoroso y poco apetecible.
No fue hasta los años 1960 cuando la gente empezó a replantearse sus creencias sobre la sexualidad, dejando a un lado las ideas preconcebidas y redefiniendo los códigos de conducta sexual. La época de la liberación sexual preparó al público para la siguiente gran revelación sobre el placer femenino, que llegó a principios de los años 1980 en una publicación rompedora titulada “The G Spot and Other Recent Discoveries about Human Sexuality”.
El libro planteaba la siguiente idea; no solo los botones sexuales de las mujeres se hinchan hasta la erección cuando hay excitación, sino que además pueden expulsar a chorro una versión femenina del líquido seminal - no muy distinta de la reacción eyaculatoria de un hombre ante la estimulación. Lo que algunas mujeres ya habían descubierto por casualidad en su exploración erótica personal quedaba por fin reconocido y situado en un contexto. A medida que se prestaba más atención al funcionamiento del éxtasis femenino, se estableció que las diferencias sexuales entre hombres y mujeres no eran tan grandes después de todo.
Sin embargo, incluso con la aparición de información bien fundamentada que documenta cada rincón de la satisfacción sexual femenina, el punto G sigue siendo malinterpretado tanto por hombres como por mujeres. A pesar de la liberalización sexual de la cultura occidental, y de unos medios de masas que parecen no comunicar otra cosa que sexo, sigue existiendo una escasez sexual en el dormitorio, donde, pese a todo, muchas mujeres simplemente no logran ascender hasta su extático pico del punto G.
Dicho en pocas palabras, simplemente no pueden correrse. Lo triste es que no es por falta de intentarlo; ni siquiera el deseo más sincero de una mujer de abrazar su potencial orgásmico inclina siempre la balanza a su favor. Este texto va a explorar algunas de las razones por las que a las mujeres les resulta tan difícil tener un orgasmo del punto G. También hablaremos de algunas maneras de dejarla física y mentalmente 'lista para el punto G'.
Por qué les cuesta tanto correrse a las mujeres?
Los intentos de las mujeres de estimular el punto G se pueden frustrar con muchísima facilidad. Que no haya dudas; eso que muchas consideran su derecho de nacimiento femenino es esquivo y se sabotea con facilidad, ya sea por una misma o con la aportación de alguien poco competente en la cama.
En lo más alto de la lista está el miedo de una mujer a hacerse pis encima de su pareja sin querer. Es una idea equivocada comprensible, ya que la sensación previa a un orgasmo del punto G se parece mucho a la de tener ganas de orinar. Otro miedo que también está muy arriba en la lista es que la persona con la que se acuesta interprete su eyaculado como orina y, en consecuencia, la 'juzgue' o sienta rechazo hacia ella. El eyaculado femenino sí contiene cierta proporción de orina, pero su composición general es algo completamente distinto de la orina. Consulta La eyaculación femenina para un análisis más a fondo.
Algunas mujeres sienten presión por eyacular, para demostrarle a su pareja que están disfrutando de la experiencia sexual. Eso genera frustración y contención, justo las cosas que pueden impedir que ocurra de verdad. Puede resultar tan exasperante que una acabe resignándose a que un orgasmo del punto G nunca vaya a formar parte de su identidad sexual. En otras, este estrés se manifiesta como una negación de la existencia misma del punto G femenino, algo que es de importancia crítica aceptar para poder trascender con éxito cualquier bloqueo psicológico y emocional que le impida llegar hasta ahí.
Otro factor que obstaculiza la satisfacción de una mujer tiene que ver con su autoimagen sensual. La vergüenza por el aspecto de su cuerpo, la inseguridad sobre su potencial erótico y la culpa hacia su sexualidad inducida por la cultura son solo algunas de esas llaves de estrangulamiento. Estas creencias destructivas aíslan a una mujer y le impiden comunicarse abiertamente sobre las funciones naturales de su cuerpo con otras mujeres.
Un autoconcepto dañado también le impide sentirse libre para explorar sus órganos sexuales. Este es un retroceso claro, ya que la masturbación y el autodescubrimiento físico son componentes fundamentales de su personalidad erótica. Es una forma de 'cultivarse a una misma', con la que una mujer puede llegar a conocerse sexual, emocional y físicamente. Llevarse una misma al orgasmo levanta el ánimo de forma increíble, alivia el estrés y es, en conjunto, una manera poderosa de atender las propias necesidades sexuales.
Un trauma sexual de cualquier grado es muy destructivo para la identidad sexual de una mujer. Una experiencia sexual negativa, en la que se la ha avergonzado, se han aprovechado de ella o su pareja la ha hecho sentir incómoda, lleva inevitablemente a una angustia emocional. Puede ser muy difícil recuperarse de esa experiencia y, si se deja enquistar, puede activar sin querer un modo de autoprotección; eso hace que le cueste conectar íntimamente con otras personas y abrazar su propia satisfacción. Así, el miedo y los puros nervios le hacen imposible entregarse a una forma tan hermosa de liberación sensual.
El siguiente factor tiene que ver con el impacto que tienen sobre las mujeres las personas desconsideradas o inmaduras con las que se acuestan. Puede que haya tenido una relación sexual con alguien sin experiencia en dar placer a las mujeres; o puede que la persona que compartía su cama entendiera poco cómo funciona el cuerpo de una mujer. Sean cuales sean los detalles, el problema de fondo es este - descubrir su punto G ya es un reto en sí mismo, y cuando una mujer no tiene confianza en la persona con la que se acuesta, eso puede 'minarle la moral' y dejar su orgasmo pasivo.
Eso no quiere decir que una mujer no deba responsabilizarse de su propio placer. De hecho, debe hacerlo sin ninguna duda. Cuando se trata de la inexperiencia de la persona con la que se acuesta, le toca a ella transmitir sus necesidades y deseos, y guiarla en la dirección correcta. Si esa persona está abierta a sugerencias, entonces ella puede recrearse en las delicias que ofrece una comunicación abierta.
Cuando la persona con la que se acuesta responde a esas indicaciones de forma poco receptiva, la mujer se siente dolida y desarrolla sin darse cuenta una tendencia a controlar su conducta sexual. Refrena su apertura, porque no quiere sentirse vulnerable, y sufre una incapacidad para alcanzar plenamente el clímax. Si ese estado de cosas continúa sin mejorar, puede acabar perdiendo del todo el deseo sexual. De hecho, según un artículo de Psychology Today titulado “Sex and Your Psyche”, lo que se percibe como una libido baja de la mujer en una relación sexual suele ser el resultado de la desesperanza y la resignación.
Cómo experimentar un orgasmo del punto G: el siguiente paso
Cuando una mujer sufre cualquier impedimento para llegar al clímax, físico, emocional o de otro tipo, eso puede dañar su noción de la relación sexual. Se llena de dudas y puede acabar sintiéndose derrotada y fatalista. Por suerte, hay unas cuantas condiciones que, bien combinadas, mejoran la disposición de una mujer a correrse.
Primero, tiene que estar dispuesta a explorar su potencial orgásmico y eyaculatorio, y esto avanza muchísimo cuando su pareja sexual acoge la posibilidad con entusiasmo y sin juzgar. Segundo, tener una actitud positiva y optimista está muy relacionado con que una mujer llegue a experimentarlo de verdad; tiene que creer que es físicamente posible y que merece la oportunidad. Por último, y desde luego no por ello menos importante, combinar una actividad sexual concreta con posturas bien elegidas prepara el terreno para un resultado placentero (y con suerte orgásmico).
Para terminar
Este artículo se centra mucho en llegar al orgasmo, pero no queremos dar la impresión de que sea el principio y el fin del sexo. El acto sexual consigue mucho más que una simple liberación eyaculatoria; crea intimidad entre las personas que lo comparten, alivia el estrés y baña el cuerpo de hormonas del bienestar y endorfinas.
Un estudio de 2000 de L.M. Bogart y sus colegas en The Journal of Sex Research indagó en la relación entre el orgasmo y el sexo, en concreto en cómo la falta de orgasmo de uno de los dos amantes, o de ambos, afectaba a su forma de definir el sexo. Del grupo de personas entrevistadas, la mayoría de las mujeres seguía etiquetando el sexo como tal aunque no llegaran al orgasmo.
El resultado de este estudio podría ser indicativo de un par de cosas. Primero, confirma que efectivamente sigue faltando mucho para que las mujeres estén totalmente satisfechas en la cama. Segundo, subraya el hecho de que las mujeres pueden sacar provecho de los beneficios no físicos del sexo, es decir, de todo lo que es íntimo y conecta, y que funciona en un plano emocional, espiritual y psicológico.





